Miro por la ventana de su cuarto. Sonrio. La Hora Vintage habia comenzado. La habia bautizado asi por como la luz del Sol, con sus rayos ya casi perpendiculares, bañaban todo de un tono dorado. Era SU hora. Bueno, no solo suya.
Tomó el termo y el mate ya preparado, dejó sus apuntes sobre el escritorio para ir a Su Lugar en el Mundo, como lo habia bautizado su Abuelo, de quien habia heredado esa pasion por las pequeñas cosas. Salio por el pasillo, abrió esa puerta de chapa blanca que daba a la terraza, que a esa hora se le antojaba una suerte de portal y se dirigió al rincón de siempre. Se sentó, se cebó el primero y dejo, por primera vez en el dia que su mente vagara por donde se le antojara, mientras se deleitaba con la vista que se le ofrecía. Mucho Cielo, el techo de las casas vecinas y la copa de su propio arbol. Nada especial. Y a la vez todo.
Sintió un ruido en la puerta y sonrió. Sabía perfectamente quien era el que se acercaba. Alguien se sentó a su lado. El, despacio, terminó su mate, cebó otro y preguntó, como de costumbre:
-¿Mate?
-Obvio, ¿Cómo no voy a querer un mate de mi nietito?- Contestó su Abuelo, siempre cariñoso. Tomó el mate, y preguntó, también como de costumbre: -¿Cómo estas?
No era un saludo ni mucho menos, no a esa Hora. Era el inicio oficial de la Hora Vintage, ese momento intimo entre ellos que ambos disfrutaban mucho. Charlaban de todo y de nada, de su pasión común, la fotografia, de música y de todo lo que se les ocurriera hasta que el mate se lavaba.
Cuando el Sol finalmente se escondio, su Abuelo se levantó y se despidió. El se quedo unos minutos más, bajo el crepúsculo, pensando...Finalmente suspiró, juntó sus cosas y también se retiró.